La mujer Perfecta

Pin ups de Fernando vicente.

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Nahum se levantó temprano aquella mañana, salió despacio de la cama, con cuidado de no despertar a su mujer, que dormía a su lado, la miró por encima del hombro, parecía una mujer tranquila, apacible, incluso sexy, una mujer que despertaría los deseos de cualquier hombre que entrara por la puerta del dormitorio, pero para él, la mujer que dormía en aquel lecho, ya había dejado de ser atrayente hacía mucho tiempo, sabía que debajo de ese aspecto demoledoramente bello yacía una bestia presa de la más absurda y peligrosa locura.

--Que contrariedad—dijo mientras se cepillaba los dientes—Sigue siendo igual de bella que cuando la conocí, sin embargo ya no es esa mujer, ahora es otra mujer.

Escupió en el lavabo y observó su rostro cansado. Salió abrochándose la camisa, su mente había retrocedido ahora muchos años atrás, pero su cuerpo preparaba café como si fuera una máquina diseñada para tal fin.

En su mente se había materializado el rostro de su mujer pocas semanas después de conocerla, cuando ya sabía que ella tenía una hija de unos diez años de edad, su voz sonaba tranquila, nada comparado a como sonaba ahora, Pues hora su voz era la de la locura, saboreó cada una de sus palabras a la vez que su boca saboreaba el amargo café, sin azúcar. “Mi madre murió de eso”…”Dicen que es hereditaria”

Bajó la taza de café y al dejó sobre la mesa, su vista se clavó en el oscuro líquido, si alguien le hubiera dicho hacía tres años que se tendría que convertir a la fuerza en un experto en esquizofrenia paranoide, en su tratamiento, sus consecuencias y en el sufrimiento que eso conllevaba se hubiera reído de él o le hubiera pegado.

Escuchó una melodiosa voz familiar y alzó la cabeza, en el marco de la puerta estaba su hijastra, se había levantado y le miraba fijamente, con el pijama puesto.

--¿Cómo está?—preguntó la niña.

--Bien.

Sus ojos observaron un segundo la figura de “Hello Kitty” del pijama y subieron hasta la venda del cuello de la niña, no había sangre en ella, jamás lo hubiera pensado anoche, cuando su madre había agarrado el cuchillo para degollarla la sangre había fluído por doquier.

--¿Te duele?—le preguntó.

--Ya no—dijo la niña.

--¿Si quieres puedo quedarme?—preguntó él, aunque estaba deseando irse de allí.

--No hace falta—dijo ella.

Aquello era injusto, que su hija de doce años hubiera tenido que dejar de estudiar para cuidar a su madre, que estaba loca perdida, era lo más injusto que había visto en su vida, pero, aunque él ya había insistido en ingresarla en un centro psiquiátrico, ella se negaba por completo.

--Me voy o no llegaré—dijo.

Se acercó a ella y besó la frente de la niña.

--Adiós Tania—dijo—Si pasa algo llámame por video conferencia.

--Adiós.

Salió, se dirigió a su vehículo y se dejó caer en el asiento como rendido, activó el control con su huella digital y el vehículo se activó, encendiéndose la pantalla lectora de enfrente.

--Buenos días—dijo una voz mecanizada proveniente del salpicadero--¿A dónde quiere ir hoy?

--La ruta de siempre, por favor—dijo él.

--¿Quiere algún entretenimiento para el camino?

--Si, quisiera ver las noticias de la mañana.

El vehículo comenzó a caminar, moviendo sus seis ruedas gracias a la energía solar, y en la pantalla del salpicadero comenzaron a aparecer las imágenes que mostraban el noticiario matinal, observó cómo un ataque extraterrestre había asolado la mayor parte del Asia septentrional.

--Menos mal que hay gente peor que yo—pensó con tono consolador.

 

Pasaron tres minutos hasta que su vehículo se detuvo de improviso, la voz mecanizada de mujer interrumpió la información deportiva.

--Detectado atasco a cincuenta metros, calculando nueva ruta.

Nahum se irguió de pronto y miró por la ventanilla.

--Sigue recto—ordenó—Quiero ver qué pasa.

--Como quiera—respondió la voz.

El vehículo avanzó y llegó al atasco, ordenó que abriera el techo solar y se puso de pié en el asiento para asomarse por él.

Un hombre vestido con un ridículo traje de color verde pistacho estaba en medio de la carretera, a su lado había una mujer sentada en una silla, y entre los dos una caja metálica. El tipo no dejaba de sonreír y se movía como si le picara todo el cuerpo, era un vendedor de carretera, uno de esos tipos que solían ponerse en medio de las carreteras para vender sus productos, que casi siempre eran auténticas estupideces, y no solían irse de allí hasta que vendían algo o si venía la policía, entre los productos que esos tipejos ofrecían se hallaban cosas tan tontas como un champú para mantener alejados a los homosexuales o un teléfono que tenía la capacidad de hablar con Dios, cosa estúpida en sí, pues todo el mundo sabía que Díos, o cómo lo llamaban ahora, “El gran observador” vivía en un planeta algo alejado de la tierra y que nadie podía hablar con él, sin excepción alguna. No es que la gente creyera eso por alguna razón también estúpida, si no que lo habían visto llegar y bajar de su nave hacía ya varios años, revelando así su identidad y su origen y descalificando cualquier teoría o religión antes formulada.

Pero aquel vendedor ofrecía algo diferente, caminó hacia la hilera de conductores que le observaba asomados por los techos solares de sus vehículos y gritó con efusión.

--Amigos. ¿Están cansados de estar solos en la vida? ¿O simplemente no soportan a su mujer? Yo tengo la solución para sus problemas, les presento la mujer perfecta.

Abrió la caja metálica y dejó ver un complicado mecanismo, repleto de cables y chips, con forma de figura humana.

--Que patraña—dijo Nahum.

Se introdujo de nuevo en su asiento y miró por el retrovisor, tras él se habían acumulado decenas de vehículos que, como él, habían cometido la insensatez de acercarse allí, miró el reloj, por suerte aquel día había salido de casa con bastante antelación.

Volvió a asomarse por el techo solar, ahora el charlatán se acercó a la mujer que había sentada en la silla, esta se puso de pié, llevaba puesta una bata ligera, bastante escotaba, todos los conductores comenzaron a silbar enardecidos ante su atractivo, ella sonrió y dio una vuelta, como exhibiéndose, después dejó caer la bata al suelo y todo el mundo observó el bikini de color rojo que llevaba.

--Apuesto a que todos los presentes desean a una mujer como esta—dijo el vendedor.

Una voz surgió de entre la multitud.

--¡Pero sin bikini!

La carcajada fue general, la mujer se ruborizó pero se movió melosamente, haciendo uso de su sensualidad.

--Pues puede tenerla, amigo—dijo el vendedor hilando como nadie el comentario—Puede tenerla con este producto que aquí le ofrezco, la mujer perfecta.

La mujer de bikini caminó hasta la cabina y se introdujo en ella, acto seguido el tipo cerró la puerta.

Nahum observaba callado, por un momento pensó si aquella mujer no temía asfixiarse dentro de aquella estructura, pero después desechó el pensamiento.

--Si tuviera yo una mujer como esa—se dijo a sí mismo—No estaría cuidando de una loca…

En ese momento se dio cuenta de que ya no amaba a su mujer, pero aquel descubrimiento no le hizo sentirse mal consigo mismo, no le hizo sentir nada, era llover sobre mojado.

Pasaron cinco minutos en los cuales la máquina emitió luces y ruidos por doquier, y Nahum comenzaba a pensar que en realidad la mujer había sufrido algún daño cuando la puerta de la estructura se abrió, de ella salió la mujer, sin un rasguño, y dentro, Nahum se inclinó sobre el techo de su coche al verlo, una mujer idéntica a la anterior.

La expectación fue general, aquella cosa podía duplicar a cualquier mujer, el vendedor sacó a la mujer de dentro, que caminó con paso mecánico y sonrió.

--Señores—dijo tratando de acallar los comentarios—Les presento a la mujer perfecta.

--Que diga algo—dijo alguien.

--Eso—dijo otro—Y que se desnude esta, si la otra no quiere.

--Señores—repitió el vendedor—Esta mujer solo podrá formular un cierto número de frases y conversaciones, no come y no se puede mojar, pero eso sí, puede ser una compañía perfecta para hombres solitarios.

--Yo lo que quiero es que me caliente la cama—surgió de nuevo una voz.

De nuevo se escuchó otra carcajada, acompañada de afirmaciones hacia el comentario del hombre.

--Pues podrá hacerlo—dijo el vendedor cuando la turba se calmó—Podrá mantener relaciones con ella perfectamente.

Tres hombres bajaron de sus coches casi extasiados, con sus carteras en la mano, corrieron hacia el vendedor, dos de ellos esquivaron otros coches que había delante, uno de ellos con mayor dificultad que el otro, el primero en llegar le tendió al tipo varios billetes de trescientas Vitaes , Nahum creyó ver casi cinco billetes y emitió una mueca de asombro, eso era por lo menos lo que le había costado aquel coche, y ni siquiera era un vehículo levitador, el vendedor los cogió gustoso, pero no le devolvió nada, Nahum volvió a meterse dentro de su vehículo, para nada estaba dispuesto a pagar aquello por una de esas cabinas, por muy prometedoras, sexualmente hablando, que parecieran.

Miró de nuevo el reloj, el tiempo había pasado como una estampida y ahora solo quedaban quince minutos para las ocho, debía irse de allí si quería llegar a trabajar, miró atrás, los coches de su espalda no se habían movido.

--Donde está la policía cuando se la necesita—dijo enfurecido.

Volvió a ponerse de pié en el asiento, los hombres que habían esquivado los coches se habían detenido al llegar frente a la duplicación de la mujer, uno de ellos la examinaba con rostro de escrutinio, quizás intentando buscar algún fallo, el otro se había detenido detrás, pensativo, todavía tenía su cartera en la mano.

--Acepto talonarios—dijo el vendedor al verlo dudar—Y pueden pagarme un poco ahora y el resto después.

--No es eso—dijo el tipo.

Claro que no era eso, y Nahum sabía lo que era, lo supo al ver la alianza en la mano de aquel hombre, sabía que adquirir una de esas cabinas era un problema si se estaba casado, el primer comprador era soltero, y ya le había dado su dirección y su terminal de video conferencia a la chica del bikini rojo para que le enviaran la cabina a casa, después echó una última ojeada lasciva a los grandes pechos de la mujer, que lejos de molestarse los apretó con sus brazos para exhibirlos, después de todo eso era parte de aquel trabajo, el tipo volvió a su coche y se introdujo en él, ya no le importaba esperar a que todos los vehículos avanzaran, lo que podía llevar horas, él iba a tener a su mujer perfecta y estaba pletórico.

El tipo que estaba examinando el duplicado de la mujer también estaba casado, pero después de comprobar que este poseía sus órganos sexuales, o al menos una lograda representación de estos, se decidió, entregó una entrada de doscientas vitaes y se marchó, su rostro parecía decir dos cosas, por un lado decía: “Estoy deseando tener la cabina en mi casa” y por otro: “No sé como coño se lo voy a ocultar a mi mujer”.

Nahum no supo de donde le vino la idea, pero le vino, se dejó caer en su asiento y observó a la mujer del bikini rojo y a su clon mecánico, eran completamente idénticas, entonces se imaginó de repente a su mujer surgiendo de aquella cabina y dejando un clon perfecto, completamente idéntico a ella, con su pelo negro y el cuerpo que le enamoró de joven, solo que cuerda, dentro de lo que cabía en su cerebro mecánico.

Salió de repente del coche, cerrando la puerta tras de sí, avanzó dos pasos hacia el vendedor, pero se detuvo de pronto. ¿Y que se supone que haría con la original? No podía ignorarla y punto, en su cabeza surgió la idea del centro psiquiátrico, eso sería perfecto, pero luego estaba su hijastra Tania, ¿Aceptaría ella el sustituir a su madre por uno de esos robots? Quizás si se lo propusiera y le mostrara los pros del asunto accediera.

--¿Nadie más?—preguntó el vendedor—Aprovechen ahora amigos, solo voy a estar aquí esta mañana.

De repente, numerosas puertas se abrieron, el vendedor había lanzado el anzuelo definitivo, y todos los conductores que pensaban en comprarlo luego, después de cavilar detenidamente sobre el tema, habían picado como insensatos pececillos.

Nahum caminó definitivamente hacia el vendedor, más que nada porque una avalancha de personas le empujaba hacia él, con los billetes en la mano y sin dejar de gritar, a su lado había una mujer que avanzaba con paso decidido.

--Solo funciona con mujeres—le dijo un hombre alto, delgado y con gafas.

--Ya lo sé—dijo ella.

--Tortillera—la llamó el hombre con desprecio.

--¡A mí no me insultes, impotente!

La mano de la mujer golpeó la cara del hombre con fuerza, este vio como sus gafas caían al suelo y se rompían, después se abalanzó hacia la mujer empujando a Nahum hacia atrás, haciendo que golpeara a los demás compradores, unas manos le empujaron hacia delante con fuerza, tropezó y cayó al suelo, intentó levantarse y unos pies pasearon sin ningún cuidado por su espalda haciendo que lanzara un grito de olor.

Furioso, Nahum trató de levantarse de nuevo, siendo empujado por la gente, las sirenas policiales comenzaron a escucharse a lo lejos, fue entonces cuando Nahum decidió ser malo, porque si no nunca conseguiría una de aquellas cabinas y su sueño de tener una mujer normal se esfumarían como el humo de un cigarro al viento, empujó por doquier mientras veía como el vendedor y la mujer del bikini apuntaban las últimas direcciones apresuradamente, antes de que viniera la policía, la lesbiana que había empezado la pelea le empujó poniendo su mano en su cara, Nahum lanzó un grito al sentir un dolor punzante en su cuello y mordió la mano, la mujer gritó, Nahum no supo si por su mordisco a por la mano que surgió detrás de ella y tiró con fuerza de su pelo.

Dos hombres habían decidido que, al no poder comprar una cabina, se quedarían con la duplicación de la mujer del bikini rojo, ambos llegaron casi a la vez hasta el robot, que continuaba con su rostro inexpresivo, el forcejeo fue violento, y ninguno de los dos pararon hasta que la mujer se rompió por la mitad, expulsando humo y aceite por doquier, este alcanzó el rostro de uno de los hombres y lo quemó de tal manera que el tipo lanzó un alarido de dolor palpándose la cara manchada.

El vendedor observó la escena y supo que era el momento de salir por piernas. Se volvió hacia su compañera.

--¡Vámonos!—le gritó--¡Corre!

Nahum sintió un escalofrío al escuchar aquellas palabras.

--¡Espere!—gritó--¡Falto yo, no se vaya!

Pero todos gritaban lo mismo a su alrededor, aunque algunos añadían cosas como “¡Ladrón!” O algo peor.

Algo apareció por el cielo, era un vehículo levitador último modelo, una plataforma surgió de él y el vendedor y su azafata subieron a ella, escapándose por encima de la gente, varios levitadores de la policía le siguieron cuando se escapaban a lo lejos, con los sueños de Nahum.

Una voz surgió de entre la gente.

--¡Se han dejado la cabina!

La mujer fue la primera en acercarse a ella, a pesar de que le habían arrancado parte de su cabello y arañado la cara, se puso delante de ella y adoptó una posición de defensa.

--¡Es mía!—gritó--¡Que nadie se acerque!

Todos se detuvieron y hubo un momento en el que solo se escuchaba el sonido de las sirenas policiales.

--¡Métete dentro y danos un clon!—gritó alguien.

Se escuchó una afirmación general.

--¡Ni hablar!—dijo la mujer—Me voy a llevar esta cabina y punto.

Uno de los tipos que había peleado por el robot se acercó a ella y, sin mediar palabra, intentó empujarla dentro, todo el mundo pareció animarse, menos Nahum, que había comprendido que había perdido la oportunidad y que además intuía que aquello no iba a acabar muy bien, ahora solo deseaba salir de allí, pero tras él había un muro de personas enfurecidas y ansiosas.

La mujer se resistía con fuerza, pero eran demasiadas personas para ella sola, de pronto, otra mujer, algo parecida a ella, posiblemente algún familiar, surgió de entre la gente y comenzó a defenderla a capa y espada, el caos parecía haber llegado a su culmen, lo último que Nahum vio fue como introducían a las dos mujeres a la fuerza en la cabina, muy juntas, las dos lloraban y suplicaban, quiso largarse de allí como fuera al imaginarse lo que surgiría de aquella cabina. Se echó al arcén, pues dedujo que era la forma más segura de escapar de allí, un levitador de la policía, se posó sobre la turba y alguien habló por el megáfono.

--Despejen la carretera—dijo—Aléjense de la cabina.

Todo el mundo lo ignoró y alguien puso en funcionamiento la cabina.

Todos se acercaron al aparato, esperando ver las bellezas robóticas que surgiría de ella, Nahum sabía que cuando surgieran todos se abalanzarían sobre aquello, quiso escapar, tenía su coche a dos pasos de él, pero sintió una curiosidad tremenda por ver que salía de aquella cosa y se detuvo.

La cabina emitió un zumbido sordo, después comenzó a temblar en medio del silencio que se había impuesto entre la multitud.

--¿Hacía eso antes?—preguntó alguien.

--Yo creo que no—dijo otra voz.

--Da igual—dijo un tipo rudo que parecía excitado—Lo que importa son las preciosidades que van a salir de ahí.

El silencio se hizo de nuevo y la cabina adquirió gradualmente un color rojizo, nadie dijo nada, Nahum quiso entonces marcharse de allí corriendo, pero la gente le cerraba el paso, el temblor de la cabina se acrecentó tanto que esta botaba en el suelo, arrancando pedazos de asfalto, el levitador policial observaba la escena estupefacto, cuando adivinó lo que ocurriría, se elevó más y se apartó de allí, Nahum fue el único que lo vio, los demás estaban como hipnotizados por la cabina, vio el rostro de preocupación del agente y como este hacía un gesto al conductor para que se alejaran más, aquello fue lo último que vio antes de que a cabina explotara en mil pedazos.

 

El vehículo policial descendió y se detuvo, rodeado de cascotes de asfalto, hierro y carne. Dos agentes policiales bajaron del levitador y observaron asqueados la carretera, sembrada de cadáveres y trozos de la cabina, algunos coches habían volcado a causa de la explosión.

El agente de menor edad, también de menor rango, se volvió hacia su superior.

--¿Sabe usted lo que era esa cabina?—preguntó.

El hombre se quitó la gorra y se secó el sudor de la frente mientras observaba hastiado los restos de dos mujeres que parecían haber sido hermanas cuando estaban vivas.

--Un viej o timo de vendedores de carretera—dijo—Se construye un duplicado de una mujer guapa y se esconde dentro de esa cabina—señaló hacia lo que quedaba de esta—Después se hace el numerito de que la cabina copia a la mujer que quieras y a cobrar se ha dicho.

--Pero la cabina no funciona—dijo el agente.

--Claro que no—dijo el hombre—Cuando la gente recibe la cabina en su casa descubre que le han engañado.

El agente de menor rango se inclinó sobre el cuerpo de Nahum, que había quedado tendido de bruces sobre la carretera, y puso sus dedos en su cuello.

--Este también está muerto—dijo.

Se incorporó con una mueca de asco en la cara.

--¿Pero por que la gente cae en estos engaños?

--Es muy sencillo-- dijo el hombre con tono apesadumbrado--¿Qué hombre no desearía tener a la mujer perfecta?